En un tejido arrugado, las moléculas de los polímeros textiles (celulosa del algodón, queratina de la lana) quedan bloqueadas en una geometría deformada por puentes de hidrógeno rígidos. A diferencia de la plancha tradicional, que intenta vencer esta resistencia mediante una presión fuerte y una suela sobrecalentada (a menudo responsable de brillos o quemaduras), el vapor actúa en el corazón de la materia:
- El calor (98 °C a más de 140 °C): eleva la energía cinética de las fibras y rompe temporalmente los puentes de hidrógeno.
- La humedad fina: rehidrata el polímero textil para devolverle su elasticidad natural.
- La gravedad natural: la prenda suspendida recupera su caída sin fricción abrasiva ni tensión sobre las costuras.